El día que me convirtieron en pez

Aquí os traigo un relato que escribió mi buen amigo José Antonio Fúster (hoy director de la Gaceta) en el periódico , dentro de su ciclo “Las  vidas de José Manuel Rebolledo”

José Manuel Rebolledo sintió una sacudida y un deseo incontrolable de salir a respirar aire a la superficie. Con sus pequeñas aletas lobuladas a modo de patas, Rebolledo removió el fango en el que vivía enterrado y ascendió por el bajío hasta la superficie. Cuando lo consiguió, se extasió ante la belleza de aquella noche del Devónico Medio, 385 millones de años antes de Cristo

.Agotado, Rebolledo miró a derecha e izquierda de la playa. Estaba solo. Rebolledo era el primer pezsarcopterigio que había salido del barro. Sintió una punzada de orgullo. Desde la era Eoarcaica hasta aquella noche, en el Paleozoico, habían pasado más de tres mil millones de años. Rebolledo era el pez clave, el eslabón sólido evolutivo, el precursor. Si Rebolledo hubiera podido, habría sonreído.

Un chapoteo cercano le sacó de su ensimismamiento. Rebolledo miró a la derecha y vio a Noemi Noguerol, una sarcopterigia que luchaba por limpiar de barro sus orificios nasales para que el aire entrara en sus pulmones inmaduros. Rebolledo movió una de sus aletas lobuladas. “¿Necesitas ayuda, Noemi?” –dijo como el caballero que era. Noemi suspiró, resopló, se retorció y por fin, respiró. “No te preocupes, José Manuel; ya lo tengo, muchas gracias”.

  • Diez segundos después, a cinco metros de allí, asomó la cabeza de Ignacio Sanjuán. Y un poco más allá la de Eugéne de Sans-Foy, uno de los 6.521 bastardos de Teresa Líster, una ex de Rebolledo. Durante la siguiente media hora, decenas de miles de peces prehistóricos sarcopterigios salieron del barro y se quedaron mirando el bosque de archaeopteris y escucharon el invitante rumor del viento en las ramas de los helechos arborescentes.

Leonor giró la cabeza hacia Rebolledo, movió su aleta caudal de una manera coqueta y le dijo “¿Vamos?”. Todos los sarcopterigios de la playa movieron su aleta derecha hacia delante, hacia la evolución… Todos, menos Rebolledo.

Durante el instante que tardaría un rayo en cruzar su pequeño cerebelo, Rebolledo vio las vidas que vendrían después de la suya. Se vio reptil, dinosaurio cuasiextinto y primate antecesor, fue eslabón perdido y simio con posibilidades; atravesó erguido el Neolítico y fue homo australopitecus, habili, erectus, neardental con aspiraciones y llegó al Neolítico como sapiens sapiens. Cuando ya no pudo ser más, Rebolledo vio diez mil vidas humanas, vidas apasionantes en las que inventó, creó, amó, exploró y creyó.

Y cuando la visión estaba a punto de salir de su cerebro de pez, Rebolledo vio que acabaría siendo un catalán llamado Jair Domínguez, guionista de Buenafuente, coautor de Baila el Chiki Chiki, escritor de libros como Jesucristo fue marica y lo vio en TV3 pegando cuatro tiros (“por cutre”) al Rey de España. En aquella noche devónica, el grito desgarrado de Rebolledo se elevó por encima de los chapoteos de decenas de miles de aletas de los otros sarcopterigios que trataban de alcanzar el bosque de helechos.

Entonces, José Manuel Rebolledo hizo lo correcto: volvió al agua y se hundió en el barro.

La Gaceta 13-10-12

Más artículos de Fúster (faltan un montón) 😦

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Un pensamiento en “El día que me convirtieron en pez

  1. Qué bonito recordarlo. Hace un año Pérfidus Mcfoster estaba, por estas fechas, con la duda de si seguir dando vida al personaje. Menos mal que decidió seguir,
    Je, los que faltan, que los reúna en un libro. Yo los leo siempre nuevos.

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