Sobre el pequeño Nicolás

FRAN GÓMEZ IGLESIAS, UN AGENTE DEL CNI CAÍDO EN DESGRACIA

¿LE DEVOLVERÁ JUAN IRANZO LA CORBATA QUE LE REGALÓ EN UNA DE LAS CLASES COMO HA DEVUELTO EL DINERO DE LAS TARJETAS DE BANKIA?

Una de las grandes obsesiones del Centro Nacional de Inteligencia es preparar agentes que se infiltren en los partidos políticos y le faciliten información interna de sus planes.
Otra de las inquietudes de tener información directa del movimiento estudiantil, especialmente desde el 15-M para poder controlarlo y anticiparse a su estrategia para destruir el sistema.
Y una tercera, contar entre sus filas con personas dotadas para penetrar en cualquier institución del Estado en el momento preciso y cometer pequeños delitos (como robar coches, realizar pequeñas estafas, conseguir licencias bajo cuerda de las instituciones, etc.) para evaluar las vulnerabilidades del sistema y corregirlas.
Francisco Nicolás Gómez Iglesias cumplía a las mil maravillas todas esas premisas. Pariente lejano de militares cercano a los servicios de inteligencia, ligados al golpe de estado del 23-F, tenía consigo todas las papeletas para ser reclutado e introducido en todos esos círculos.
Por eso, cuando decidió abandonar su hogar familiar a los 16 años de edad, el CNI le puso un piso en el centro de Madrid y le pagó los estudios en el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF), financiado por la banca, que junto con la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), de los jesuitas, una de las dos únicos centros de formación de cuadros para el Gobierno y las instituciones financieras.
De esta manera, los servicios de inteligencia mataban un cuarto pájaro de un tiro. Disponer de un espía entre los futuros cuadros medios y altos de la élite cultural y empresarial de España, algo que nunca habían logrado desde que Pedro Arriola, el marido de Celia Villalobos, abandonó la universidad de Málaga donde fue reclutado a comienzos de los setenta por el coronel Juan Callejón.
Fran Gómez Iglesias logró cumplir con creces su propósito. La mayoría de los alumnos de estos dos centros privados y elitistas, que se relacionan entre si pero no con el resto de la comunidad educativa madrileña, le conocían y habían asistido a muchas de su juergas nocturnas y recuerdan que solía invitarles a todos a cenar a restaurantes caros y que, al final, se hacía cargo de la factura aunque los comensales hubieran sido 15 o más personas.
Otros alumnos recuerdan como ayudaba a sus compañeros en clase y cómo se encargaba de hablar con los profesores para que fueran más benévolos y les dieran nuevas oportunidades o les subieran las notas, cosas que siempre conseguía. O como a los alumnos que tenían problemas para sacar el carnet de conducir les ofrecía un documento “gratis total” sin tener que examinarse ni pagar las tasas.
Su relación con los profesores iba más allá de lo habitual. A algunos que pasaban estrecheces económicas les ofrecía trabajo y a otros, como es el caso de Juan Iranzo, decano del Colegio de Economistas y director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE) hasta que se descubrió el affaire de las tarjetas de crédito de Bankia, le regaló una corbata de Loewe.
Sin embargo, lo que llamaba la atención a sus compañeros era que a sus 16 años viviera sin ayuda de sus padres, en un piso propio, que tuviera más dinero que nadie y que se presentara en la escuela, de vez en cuando, en un coche de gran cilindrada con su correspondiente chófer, situación que no estaba al alcance ni de los más adinerados. O que se fuera a veranear a Sotogrande, zona exclusiva de San Roque (Cádiz) en la que sólo se codean la élite de la élite empresarial española.
Todos estos datos unidos junto al hecho de que, a veces, se moviera rodeado de guardaespaldas que hacían a su vez de instructores, que entrara y saliera de las sedes del PP como Pedro por su casa, hizo sospechar a sus compañeros de clase que se trataba de un agente secreto en formación, que utilizaba a veces como oficinas para organizar chanchullos con los concejales del ayuntamiento y otros affaires delicados el chalet que los servicios secretos tienen en la calle Carbonero y Sol de la selecta colonia de El Viso de Madrid.
Los manuales de entrenamiento del CNI obligan a sus agentes operativos en prácticas a robar coches a punta de navaja, a organizar escándalos en medio de la calle, a entrar en pisos privados, a infiltrarse en lugares públicos, a trapichear con drogas y armas [siempre que se pueda seguir la pista] y a organizar estafas de cualquier índole como única vía de conocimiento y de penetración en ese submundo [Los coches luego se devuelven a sus propietarios o aparecen en los depósitos municipales y el dinero obtenido ilegalmente se devuelve] donde muchas veces tienen que desarrollar su trabajo una vez pasen las pruebas de selección.
Lo que no suelen hacer lo agentes secretos es colgar sus “hazañas” en Internet o alardear de las mismas entre sus compañeros de CUNEF y ESADE porque aunque esta puede ser la mejor vía infiltrarse en el Partido Popular también lo es para ser descubierto. Y eso fue lo que le pasó a Fran Gómez Iglesias. Gracias a su popularidad le llenó muchas conferencias a José María Aznar, a Ana Botella y a otros dirigentes del partido de la calle Génova. Pero generó también muchas envidias, odios y rencillas entre decenas de jóvenes advenedizos, ambiciosos y arribistas de la política que aspiraban a tener tantos “méritos” como él, y fue denunciado primero al partido y luego a la policía.
La investigación de su caso fue llevada a cabo no por la policía judicial, que hubiera sido lo habitual, sino por el grupo de Asuntos Internos del Cuerpo Nacional de Policía, una unidad cuyos jefes y agentes rinden cuentas al director general operativo del cuerpo, el comisario Eugenio Pino, segundo jefe de la dirección general de Policía, del que dependen orgánicamente, y no a ningún otro mando intermedio, comisario general o jefe superior de la policía.
La misión de la unidad de asuntos internos, según la ley, es la investigación y persecución de “las conductas funcionariales constitutivas de infracciones penales y aquellas otras contrarias a la ética profesional de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía y de los funcionarios destinados en el centro directivo”. A veces, sin embargo, se les encargan otros asuntos “delicados” relacionados con la Guardia Civil o el CNI, especialmente en materia de drogas, tráfico de armas y otros para preservar su seguridad en el caso de que se trate de infiltrados en estas organizaciones y no de simples delincuentes.
Mandados por el comisario Marcelino Martín-Blas Aranda, sus miembros fueron los encargados de seguir el rastro de Fran Gómez Iglesias por media España y de filtrar la información al elconfidencial.com

para neutralizar las actividades del agente. Falta por determinar a quién trataban de proteger, al CNI o al Partido Popular entidad para la que comenzaba a ser un personaje incómodo. Todo parece indicar, sin embargo, empezando por los abogados que le defendieron ligados a los servicios de inteligencia, que trataban de amparar a la formación política de la calle Génova y, en especial, a la vicepresidenta del Gobierno suplantada por este espía en varias ocasiones.
El asunto plantea otra interrogante: ¿Han pasado a la historia los espías famosos, conocidos por todo el mundo en las redes sociales donde en las últimas semanas se han publicado numerosos montajes fotográficos de Fran Gómez Iglesias, situándolo al lado de Franco, Hitler y el autodepuesto Rey, o es éste un caso excepcional y único que no invalida al de otros agentes que aparecen con frecuencia en Internet, Google o Facebook?

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